“Estás teniendo ataques de pánico”, fue la respuesta que obtuve de una amiga luego de enumerarle los síntomas que estaba experimentando a un mes de haber tenido mi segundo bebé. Para ese momento no era mucho lo que conocía sobre los ataques de pánico, salvo que la persona sufriendo un ataque sentía como si un tren le pasara por encima. Pero, un ataque de pánico es mucho más que experimentar de manera súbita un intenso miedo o una sensación de muerte inminente; claro en ese entonces lo desconocía.
Un mes luego de dar a luz a mi segundo bebé comencé a experimentar “extrañas sensaciones” que me hicieron pensar que algo andaba mal, incluso hasta que iba a morir. En las noches, y justo antes de quedarme dormida, sentía que mi corazón se detenía por un segundo. En ese momento me sobresaltaba, sentía que no podía tragar y que me quedaba corta de aire. La sensación de muerte inminente era muy fuerte y real para mí. Luego se me dificultaba conciliar el sueño, ya que al aumentar el miedo la horrible sensación se repetía varias veces por un par de horas, pero yo pensaba que era al revés.
Con el pasar de los días esa horrible sensación se hacía más fuerte al punto de creer que estaba experimentando un ataque al corazón, pues ahora estaba acompañada de dolor y presión en el pecho. Convencida de que estaba teniendo un infarto, paré en sala de emergencias, en donde me realizaron un electrocardiograma y monitorearon mi corazón por algunas horas. Al salir todo bien, di cabida a otras posibilidades y comencé mi búsqueda de condiciones con los mismos síntomas, entre las que encontré:
•Tiroides
•Extrasístoles
•Bradicardia
•Deshidratación
•Deficiencia de magnesio
•Hernia en el esófago
•Y claro…ataques de pánico
Y es que a la lista se añadió: palpitaciones del corazón después de comer y que luego eran generalizadas; sensación de hormigueo en brazos y piernas; palpitaciones en el labio inferior; malestar estomacal; mareos; debilidad; falta de concentración; desorientación; sensación de asfixia. Estos síntomas solían aparecer por un par de semanas, luego desaparecían por varias semanas para volver a aparecer, y así sucesivamente.
Todo esto me abrumaba y me dificultaba realizar mis tareas cotidianas, así como atender a mi familia. Pero, no fue hasta descartar alguna causa física (por lo que me sometí a varios estudios, entre ellos, de tiroides y con un cardiólogo), que acepté que estaba sufriendo de un trastorno de ansiedad con ataques de pánico. El estrés, sumado a la falta de descanso me estaba haciendo colapsar sin darme cuenta. Y es que los ataques de pánico postparto pueden ocurrir en algunas mujeres. Ya sea por las muchas responsabilidades con la familia y el trabajo, ese sentimiento abrumador de no poder lidiar con las cosas, la depresión postparto, el desbalance hormonal o simplemente ansiedad, los ataques de pánico pueden llegar. La buena noticia es que como llegan, así pueden irse.
Es importante reconocer nuestras limitaciones para no excedernos y poner en riesgo nuestra salud física, mental y emocional. La ayuda sicológica es muy beneficiosa en estos casos, ya que las terapias de manejo de ansiedad ayudan a identificar esos factores que desembocan en un ataque. Hay casos en que la asesoría de un sicólogo es suficiente, pero hay casos en donde la medicación es necesaria. Si sospechas que estas sufriendo de ataques de pánico postparto, visita primero tu médico para descartar otras posibles causas de tus síntomas.
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